martes, 9 de octubre de 2012

Nuestro común amigo, de Dickens


Acabo de terminar Nuestro común amigo, la última novela completa de Dickens, y me ha sorprendido la actualidad del que es, en mi opinión, el tema principal de la novela: la avaricia de la sociedad y el poder corruptor del dinero. 

Simbólicamente, la historia gira en torno a la herencia que deja un hombre que hizo fortuna recogiendo basura.  Es una novela coral, entre cuyos personajes hay nuevos ricos, políticos, gente que vive como si fuera rica cuando en realidad no tiene dinero, timadores, chantajistas, prestamistas, etc.; todos ellos obsesionados con hacer dinero. La avaricia afecta tanto a ricos como a pobres, y salen tan malparados el rico que considera que la gente se muere de hambre porque se lo merece como el pobre que se aprovecha del buen corazón  de otros para medrar.

También hay críticas a los banqueros y especuladores, como este párrafo, que podría estar escrito hoy:

“Manejar acciones es lo más importante de este mundo. No hace falta tener antecedentes, ni una reputación sólida, ni cultura, ni ideas, ni modales; hay que tener acciones. (…) ¡Oh, poderosas acciones,  que alzáis tan alto esas figuras atronadoras, y que nos hacéis gritar día y noche a nosotros, ínfimos gusanos, como si estuviésemos bajo la influencia del beleño o del opio: ‘¡Aliviadnos de nuestro dinero, desparramadlo por nosotros, compradnos y vendednos, arruinadnos! ¡Lo único que pedimos es que figuréis entre los poderes de la tierra y engordéis a costa nuestra!’.”
Frente a esto, Dickens presenta, como antítesis de la adoración al becerro de oro, a unos personajes, que “se habían guiado, en su viaje por la vida, por una idea religiosa del deber y un deseo de hacer el bien”. Frente a la crueldad supuestamente benefactora de una ley que mete a los pobres que no pueden cuidar de sí mismos en asilos insalubres, estas personas practican una caridad en la que se trata a cada persona con respeto, cariño y delicadeza.

También quiero destacar la sensibilidad de Dickens que, frente al antisemitismo de su época (y de otros famosos escritores), nos presenta a un judío que es víctima de los prejuicios de la sociedad y que tiene un discurso digno heredero del de Shylock en El mercader de Venecia:

“Los hombres dicen: ‘Este es un griego malvado, pero hay griegos buenos’.(…) Pero no pasa lo mismo con los judíos. Los hombres encuentran fácilmente el mal entre nosotros (¿y entre qué pueblos no es el mal fácil de encontrar?), y además toman a los peores de entre nosotros como muestras de los mejores; toman a los más viles como ejemplo de los más ilustres; y luego dicen: ‘Todos los judíos son iguales’.”

Además de todo esto, como otras obras de Dickens, tiene descripciones detalladas, personajes estrambóticos, momentos memorables y una trama bien construida, interesante y entretenida, si bien es cierto que un poco lenta en la primera mitad del libro, que se dedica más bien a presentar el amplio espectro de personajes y sus diversas tramas, que poco a poco se van entretejiendo para formar un solo tapiz.

lunes, 8 de octubre de 2012

Los diez libros de mi vida

Me uno a vosotras con la lista de mis diez libros ¿favoritos? No necesariamente, pero sí los que más me han influido, algunos porque los leí en la infancia y la adolescencia y ayudaron a conformar mi manera de ver el mundo y mis gustos literarios (por ejemplo, mi anglofilia). Algunos no los he vuelto a leer desde hace muchos años y prefiero que sea así, porque tengo muy buen recuerdo de ellos, pero sé que si los leyera ahora no me gustarían. Otros, en cambio, vuelvo a leerlos periódicamente y la sensación es como la de volver a casa después de un día agotador, ponerte las zapatillas, sentarte en el sofá y pensar: "¡No hay nada como estar en casa!".

He de decir que algunos de ellos coinciden con los elegidos por Halcyon, así que será un poco repetitivo. También he intentado ponerlas por el orden cronológico en que las leí:


1. Mujercitas, de Louisa May Alcott.
2. David Copperfield, de Charles Dickens.
3. Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.
4. Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
5. Quo vadis, de Henryk Sienkiewicz.
6. Los muertos hacen proyectos, de Mignon G. Eberhart (la primera novela de misterio que leí).
7. Rebeca, de Daphne du Maurier.
8. El hombre del traje color castaño, de Agatha Christie (en general, todas sus novelas, pero he tenido que escoger una).
9. Nicolás y Alejandra, de Robert K. Massie (la única que no es ficción).
10. La saga de Harry Potter, de J.K. Rowling.


domingo, 30 de septiembre de 2012

DIEZ LECTURAS


Me ha gustado mucho tu comentario sobre las lecturas y estoy de acuerdo con lo que dices, también con la dificultad de elegir. No me ha resultado fácil elaborar mi propia lista, ya que he tenido que dejar fuera algunas obras con las que disfruté y que hubiera deseado incluir. Entre las que he seleccionado, hay algunas que leí en mi infancia, unas releídas años después y otras no -tal vez por el temor de no reencontrar lo que recuerdo-. También he añadido obras más recientes, incluso algunas descubiertas en los últimos años, aunque en estos casos el vínculo emocional ya no es igual que el de aquellas primeras lecturas. 

En fin, toda selección es difícil y tal vez injusta, pero ahí está mi lista (en la que no figura la poesía, pues merecería un capítulo aparte):

1.Caballito Loco, de Ana María Matute
2.Los tambores, de Reiner Zimnik
3.Guillermo el travieso, de Richmal Crompton 
4.La isla misteriosa, de Julio Verne
5.La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”
6.La isla a mediodía y otros relatos, de Julio Cortázar
7.Juan de Mairena, de Antonio Machado
8.El siglo de las luces, de Alejo Carpentier
9.El largo adiós, de Raymond Chandler
10.Como una novela, de Daniel Pennac

La historia olvidada del libro del mago

En La Travesía del Viajero del Alba, tercera entrega de Las Crónicas de Narnia, Lucy es obligada por unos extraños seres a buscar un hechizo en el libro de un mago para ayudar a destruir un poderoso encantamiento. En esa búsqueda descubre muchos otros hechizos y siente la tentación de pronunciar algunos, aun sintiendo que no debe hacerlo; pero sobre eso probablemente hablaré en otra entrada. 
Lo que aquí nos interesa es que en un momento de gran agitación descubre un hechizo "para el consuelo del espíritu". Pero resulta que no es tal, sino una historia, tan entretenida que en algún momento se olvida de que está leyendo y la vive como si fuera real, exclamando al final: "Es la historia más preciosa que he leído jamás y que leeré en toda mi vida". Desgraciadamente, en cuanto la acaba no puede recordar nada de lo que ha leído y la magia del libro no le permite volver las hojas para leerla nuevamente. Sólo recuerda que hablaba de una copa y una espada y un árbol y una colina verde, nada más. "Jamás pudo recordarla; y desde aquel día, Lucy describe las buenas historias como relatos que le recuerdan la historia olvidada del libro del mago".

¿Por qué cuento esto? Porque creo que todos tenemos historias como esta historia olvidada del libro del mago, relatos que leímos, o más bien vivimos, y que han formado nuestro gusto literario e influido en nuestra personalidad. Son historias que hemos leído infinidad de veces (a nosotros la magia de esos libros nos lo permite) y a las que volvemos una y otra vez. La lectura y relectura de estas historias no hacen que pierdan con los años, sino al contrario, nos acercamos a ellas con la expectación de caminar sobre las huellas de nuestra lecturas anteriores, pero también con la emoción de descubrir un matiz, un detalle, un significado que hasta ahora había permanecido oculto, aguardando este momento. Y eso hace que cada lectura sea una aventura diferente y a la vez la misma en la que viajaremos o otro mundo y nos reencontraremos con  amigos que nos esperan para volver a vivir las nuevas aventuras de siempre. 
Llegar a descubrir cuáles son estas historias es una tarea ardua y una nunca queda completamente satisfecha del resultado definitivo. Tiene la sensación que falta alguna (la Gran Historia, que es siempre la que está por leer) o de que quizá  las elegidas no sean las más representativas. En mi caso, detallaré a continuación (en orden cronológico de lectura, el orden de preferencia sería casi imposible) una lista de diez libros. He de decir que hay tres de ellas que me tienen en duda; realmente las he escogido como muestra de un autor más que como obras en sí mismas, porque me resulta muy difícil destacar una obra del mismo autor sobre otra.  Las otras siete son incontestables.

Ahí van:
1. Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain.
2. Mujercitas de Louisa May Alcott.
3. La pequeña Dorrit de Charles Dickens.
4. La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.
5. Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas.
6. Jane Eyre de Charlotte Brontë.
7. El adversario secreto de Agatha Christie.
8. El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien.
9. Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.
10. El hombre vivo de G.K. Chesterton.


"- Sí, Aslan, lo siento. Pero, por favor...
- Habla, querida mía.
- ¿Podré volver a leer alguna vez aquella historia, la que no pude recordar? Dime que sí, Aslan, por favor. O mejor, ¡cuéntamela tú!
- Claro que sí, te la contaré durante años y años."

martes, 25 de septiembre de 2012

Ahora ya ha entrado plenamente el otoño que con tanta belleza y lirismo nos anunciaba Kharis en su entrada anterior y quiero añadir mi (mucho más humilde) aportación para celebrar la llegada de esta nueva estación.
Sí, ya ha llegado el otoño y todos sabemos lo que eso significa...


Winter is coming.

(Lo siento, pero llevaba todo un año deseando decirlo).

lunes, 27 de agosto de 2012

CAMBIO DE CICLO


Hoy, de pronto, ha llegado la lluvia barriendo los restos del verano. Las gaviotas permanecen inmóviles sobre la arena húmeda de las playas, al fin recuperadas. En la ciudad, los últimos veraneantes se refugian en el interior de las cafeterías y curiosean en las tiendas para matar el tiempo. Todo presagia la cercanía de un otoño que, sin embargo, aún no ha llegado: el olor de la lluvia, las hojas secas que flotan al fondo de los charcos, los escaparates de las papelerías con anuncios de descuentos en libros de texto y material escolar, el tamborilear –unas veces suave, otras furioso- del agua en los cristales…Muy pronto vendrá todo lo demás: el hacer y deshacer de maletas, el largo viaje, el cambio de la ropa en los armarios….

En este final de un ciclo y comienzo de otro es donde  siempre he visto el verdadero comienzo del año. Septiembre siempre marca un cambio: es el momento de reencontrar las caras familiares, la vuelta a  la ciudad y la vida que había quedado atrás, en el paréntesis de las vacaciones… pero también, junto al agradable regreso a lo familiar, se añade siempre algo diferente: la adaptación a unos nuevos horarios, el comienzo de algún proyecto, actividades diferentes que iniciamos con ilusión, rostros desconocidos cuyos nombres tendremos que ir aprendiendo… 

Recuerdo, de los tiempos en los que era estudiante, la sensación de abrir los libros de texto recién comprados, todavía intactos, y las  páginas en blanco de las nuevas libretas sin estrenar, con las que se iniciaba el curso académico. Algo de eso hay todavía en septiembre, un mes que se abre como una página no escrita, limpia y tersa, con esa ilusión que tienen siempre todos los inicios de algo, en los que aún parece que cualquier cosa es posible.

También, en este cambio de ciclo, las lecturas de verano dejan paso a otras, muchas veces ligadas al aprendizaje y el estudio, al tiempo que los cambios estacionales nos invitan a volvernos hacia el trabajo.

Por todo ello, siempre me ha gustado mucho el comienzo de un poema de Fray Luis de León (la Oda al Licenciado Juan de Grial) que transmite en su parte inicial esa visión del otoño no ligado a la tristeza –como muchas veces se ha hecho en la lírica- sino al estudio sosegado. Para concluir, qué mejor que citar unas estrofas del comienzo de esta oda, tan acordes al inicio de este nuevo ciclo otoñal:

Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.

(…)

El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer llama;

alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo gana
la cumbre del collado
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana.
……



miércoles, 1 de agosto de 2012

IMAGINANDO HISTORIAS. UN CUADRO DE HOPPER


¿Qué es lo que nos conmueve o nos trasmite algo especial cuando vemos algunos cuadros? Unas veces basta con la luz o el color, otras es la intensidad de la mirada del retratado,  la armonía de un paisaje, la capacidad de transmitir una emoción. Hay también algunos cuadros que, como la pequeña punta de un iceberg, parecen contener detrás toda una historia,  un mundo que no se ve, pero al que el espectador tiene la ilusión de asomarse mientras los contempla.

Hace poco, visitando la exposición de Edward Hopper en el Museo Thyssen, me encontré con una de estas obras,  Habitación de Hotel, pintada por el autor en 1931 En él, una mujer a medio vestir, sentada sobre una cama, contempla absorta, con la cabeza levemente inclinada, un papel que sostiene entre sus manos. 

Al igual que muchas pinturas de Hopper, el cuadro trasmite soledad, probablemente también tristeza,  además de sugerir  una escena de la vida de un personaje anónimo, apenas entrevista, con una imagen que bien podría ser el plano de una película. Contemplando este cuadro, no dejo de preguntarme cuál sería entonces la trama de esa película, qué historia se esconde detrás de esta imagen, quién es esta mujer y qué piensa.

Recordando ahora el cuadro, me imagino que se trata de una chica que ha ido a una gran ciudad, aunque no sabría decir con qué fin: ¿Para conseguir un puesto de trabajo que hubiera cambiado su vida? ¿Para encontrarse con un hombre? ¿Para huir de algo o de alguien? ¿Para iniciar unos estudios? ¿Para intentar vender a una editorial su primera novela? ¿Para una consulta médica? No sabemos si la mujer acaba de llegar o está a punto de partir: las maletas en el suelo, aún cerradas o tal vez ya listas para el viaje de regreso a su pueblo o a una ciudad más pequeña y provinciana, las prendas de ropa que aún no se ha puesto o que se acaba de quitar… Lo que sí parece claro es su gesto de ligero abatimiento, de preocupación tal vez, acaso de cansancio… Su rostro permanece ligeramente desdibujado y, a pesar de todo, transmite tristeza y, sobre todo,  una inmensa sensación de soledad.

Además, el cuadro está dispuesto de modo que nuestras miradas se dirigen al enigmático papel, que la pintura nos muestra sin desvelar su contenido. Por la posición de la joven, por la forma en que lo sostiene, diría que ésta no lo está leyendo ahora mismo, sino que lo ha leído hace poco y ahora permanece inmóvil, vuelta hacia su interior, incapaz de levantarse y terminar de arreglarse para partir o de deshacer las maletas de un viaje que tal vez ya no tenga sentido.

¿Qué pone en ese papel? ¿Por qué es tan importante? Podría ser una carta o una nota que alguien ha dejado para ella en la habitación, un informe médico, la notificación de que no ha sido aceptada en una prueba…o incluso un texto escrito por ella misma para otra persona. De algún modo u otro, creo que el papel marca un momento relevante en la vida del personaje y probablemente también un fracaso, tal vez una pérdida, una revelación dolorosa…

Bastaría elegir una de estas opciones y comenzar desde aquí a construir una historia, remontándonos  al principio con un gran flash-back , acompañado por la voz en off de la mujer que comienza a narrar…

Supongo que esto es lo que diferencia a las obras que nos transmiten algo de las que no: su capacidad de sugerir, de convertirse en una ventana que el espectador abre para acceder a un sentido mucho más amplio de que cabría imaginar en tan poco espacio…

No me queda más que recomendar la visita a esta exposición, que nos permite disfrutar de una selección de obras del pintor norteamericano, y que estará abierta al público en Madrid hasta el 16 de septiembre de este año.