domingo, 30 de septiembre de 2012
La historia olvidada del libro del mago
En La Travesía del Viajero del Alba, tercera entrega de Las Crónicas de Narnia, Lucy es obligada por unos extraños seres a buscar un hechizo en el libro de un mago para ayudar a destruir un poderoso encantamiento. En esa búsqueda descubre muchos otros hechizos y siente la tentación de pronunciar algunos, aun sintiendo que no debe hacerlo; pero sobre eso probablemente hablaré en otra entrada. Lo que aquí nos interesa es que en un momento de gran agitación descubre un hechizo "para el consuelo del espíritu". Pero resulta que no es tal, sino una historia, tan entretenida que en algún momento se olvida de que está leyendo y la vive como si fuera real, exclamando al final: "Es la historia más preciosa que he leído jamás y que leeré en toda mi vida". Desgraciadamente, en cuanto la acaba no puede recordar nada de lo que ha leído y la magia del libro no le permite volver las hojas para leerla nuevamente. Sólo recuerda que hablaba de una copa y una espada y un árbol y una colina verde, nada más. "Jamás pudo recordarla; y desde aquel día, Lucy describe las buenas historias como relatos que le recuerdan la historia olvidada del libro del mago".
¿Por qué cuento esto? Porque creo que todos tenemos historias como esta historia olvidada del libro del mago, relatos que leímos, o más bien vivimos, y que han formado nuestro gusto literario e influido en nuestra personalidad. Son historias que hemos leído infinidad de veces (a nosotros la magia de esos libros nos lo permite) y a las que volvemos una y otra vez. La lectura y relectura de estas historias no hacen que pierdan con los años, sino al contrario, nos acercamos a ellas con la expectación de caminar sobre las huellas de nuestra lecturas anteriores, pero también con la emoción de descubrir un matiz, un detalle, un significado que hasta ahora había permanecido oculto, aguardando este momento. Y eso hace que cada lectura sea una aventura diferente y a la vez la misma en la que viajaremos o otro mundo y nos reencontraremos con amigos que nos esperan para volver a vivir las nuevas aventuras de siempre.
Llegar a descubrir cuáles son estas historias es una tarea ardua y una nunca queda completamente satisfecha del resultado definitivo. Tiene la sensación que falta alguna (la Gran Historia, que es siempre la que está por leer) o de que quizá las elegidas no sean las más representativas. En mi caso, detallaré a continuación (en orden cronológico de lectura, el orden de preferencia sería casi imposible) una lista de diez libros. He de decir que hay tres de ellas que me tienen en duda; realmente las he escogido como muestra de un autor más que como obras en sí mismas, porque me resulta muy difícil destacar una obra del mismo autor sobre otra. Las otras siete son incontestables.
Ahí van:
1. Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain.
2. Mujercitas de Louisa May Alcott.
3. La pequeña Dorrit de Charles Dickens.
4. La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.
5. Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas.
6. Jane Eyre de Charlotte Brontë.
7. El adversario secreto de Agatha Christie.
8. El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien.
9. Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.
10. El hombre vivo de G.K. Chesterton.
- Habla, querida mía.
- ¿Podré volver a leer alguna vez aquella historia, la que no pude recordar? Dime que sí, Aslan, por favor. O mejor, ¡cuéntamela tú!
- Claro que sí, te la contaré durante años y años."
martes, 25 de septiembre de 2012
Ahora ya ha entrado plenamente el otoño que con tanta belleza y lirismo nos anunciaba Kharis en su entrada anterior y quiero añadir mi (mucho más humilde) aportación para celebrar la llegada de esta nueva estación.
Sí, ya ha llegado el otoño y todos sabemos lo que eso significa...
Winter is coming.
(Lo siento, pero llevaba todo un año deseando decirlo).
lunes, 27 de agosto de 2012
CAMBIO DE CICLO
Hoy, de pronto, ha llegado la lluvia
barriendo los restos del verano. Las gaviotas permanecen inmóviles sobre la
arena húmeda de las playas, al fin recuperadas. En la ciudad, los últimos
veraneantes se refugian en el interior de las cafeterías y curiosean en las
tiendas para matar el tiempo. Todo presagia la cercanía de un otoño que, sin
embargo, aún no ha llegado: el olor de la lluvia, las hojas secas que flotan al
fondo de los charcos, los escaparates de las papelerías con anuncios de
descuentos en libros de texto y material escolar, el tamborilear –unas veces
suave, otras furioso- del agua en los cristales…Muy pronto vendrá todo lo
demás: el hacer y deshacer de maletas, el largo viaje, el cambio de la ropa en
los armarios….
En este final de un ciclo y comienzo de otro
es donde siempre he visto el verdadero
comienzo del año. Septiembre siempre marca un cambio: es el momento de
reencontrar las caras familiares, la vuelta a
la ciudad y la vida que había quedado atrás, en el paréntesis de las vacaciones… pero también,
junto al agradable regreso a lo familiar, se añade siempre algo diferente: la
adaptación a unos nuevos horarios, el comienzo de algún proyecto, actividades
diferentes que iniciamos con ilusión, rostros desconocidos cuyos nombres
tendremos que ir aprendiendo…
Recuerdo, de los tiempos en los que era
estudiante, la sensación de abrir los libros de texto recién comprados, todavía
intactos, y las páginas en blanco de las
nuevas libretas sin estrenar, con las que se iniciaba el curso académico. Algo
de eso hay todavía en septiembre, un mes que se abre como una página no
escrita, limpia y tersa, con esa ilusión que tienen siempre todos los inicios
de algo, en los que aún parece que cualquier cosa es posible.
También, en este cambio de ciclo, las
lecturas de verano dejan paso a otras, muchas veces ligadas al aprendizaje y el
estudio, al tiempo que los cambios estacionales nos invitan a volvernos hacia
el trabajo.
Por todo ello, siempre me ha gustado mucho el comienzo de un
poema de Fray Luis de León (la Oda al Licenciado Juan de Grial) que transmite en su parte inicial esa visión del
otoño no ligado a la tristeza –como muchas veces se ha hecho en la lírica- sino
al estudio sosegado. Para concluir, qué mejor que citar unas estrofas del comienzo de esta oda, tan acordes al inicio de este nuevo ciclo otoñal:
Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo
aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.
(…)
El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la
fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer
llama;
alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo
gana
la cumbre del collado
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente
gana.
……
miércoles, 1 de agosto de 2012
IMAGINANDO HISTORIAS. UN CUADRO DE HOPPER
¿Qué es
lo que nos conmueve o nos trasmite algo especial cuando vemos algunos cuadros?
Unas veces basta con la luz o el color, otras es la intensidad de la mirada del
retratado, la armonía de un paisaje, la
capacidad de transmitir una emoción. Hay también algunos cuadros que, como la
pequeña punta de un iceberg, parecen contener detrás toda una historia, un mundo que no se ve, pero al que el espectador
tiene la ilusión de asomarse mientras los contempla.
Hace
poco, visitando la exposición de Edward Hopper en el Museo Thyssen, me encontré con una de
estas obras, Habitación de Hotel, pintada por el autor en 1931 En él, una
mujer a medio vestir, sentada sobre una cama, contempla absorta, con la cabeza
levemente inclinada, un papel que sostiene entre sus manos.
Al igual que muchas
pinturas de Hopper, el cuadro trasmite soledad, probablemente también tristeza,
además de sugerir una escena de la vida de un personaje
anónimo, apenas entrevista, con una imagen que bien podría ser el plano de una
película. Contemplando este cuadro, no dejo de preguntarme cuál sería entonces
la trama de esa película, qué historia se esconde detrás de esta imagen, quién
es esta mujer y qué piensa.
Recordando
ahora el cuadro, me imagino que se trata de una chica que ha ido a una gran
ciudad, aunque no sabría decir con qué fin: ¿Para conseguir un puesto de
trabajo que hubiera cambiado su vida? ¿Para encontrarse con un hombre? ¿Para
huir de algo o de alguien? ¿Para iniciar unos estudios? ¿Para intentar vender a
una editorial su primera novela? ¿Para una consulta médica? No sabemos si la
mujer acaba de llegar o está a punto de partir: las maletas en el suelo, aún
cerradas o tal vez ya listas para el viaje de regreso a su pueblo o a una
ciudad más pequeña y provinciana, las prendas de ropa que aún no se ha puesto o
que se acaba de quitar… Lo que sí parece claro es su gesto de ligero
abatimiento, de preocupación tal vez, acaso de cansancio… Su rostro permanece
ligeramente desdibujado y, a pesar de todo, transmite tristeza y, sobre
todo, una inmensa sensación de soledad.
Además,
el cuadro está dispuesto de modo que nuestras miradas se dirigen al enigmático
papel, que la pintura nos muestra sin desvelar su contenido. Por la posición de
la joven, por la forma en que lo sostiene, diría que ésta no lo está leyendo
ahora mismo, sino que lo ha leído hace poco y ahora permanece inmóvil, vuelta
hacia su interior, incapaz de levantarse y terminar de arreglarse para partir o
de deshacer las maletas de un viaje que tal vez ya no tenga sentido.
¿Qué
pone en ese papel? ¿Por qué es tan importante? Podría ser una carta o una nota
que alguien ha dejado para ella en la habitación, un informe médico, la
notificación de que no ha sido aceptada en una prueba…o incluso un texto
escrito por ella misma para otra persona. De algún modo u otro, creo que el
papel marca un momento relevante en la vida del personaje y probablemente
también un fracaso, tal vez una pérdida, una revelación dolorosa…
Bastaría
elegir una de estas opciones y comenzar desde aquí a construir una historia,
remontándonos al principio con un gran
flash-back , acompañado por la voz en off de la mujer que comienza a narrar…
Supongo
que esto es lo que diferencia a las obras que nos transmiten algo de las que
no: su capacidad de sugerir, de convertirse en una ventana que el espectador
abre para acceder a un sentido mucho más amplio de que cabría imaginar en tan
poco espacio…
No me
queda más que recomendar la visita a esta exposición, que nos permite disfrutar de una selección de obras del pintor norteamericano, y que estará abierta al público en Madrid
hasta el 16 de septiembre de este año.
sábado, 28 de julio de 2012
Drácula y el espíritu del mal
Se aclama a Bram Stoker como el gran autor de Drácula, pero parece que se le da más importancia a las numerosísimas adaptaciones de la novela y su enorme influencia en el cine que a la propia obra en sí. Si bien es innegable que su influencia es trascendental, la novela por sí misma tiene méritos más que suficientes que hacen que su lectura sea recomendable.
Cuando la leí hace unos dos años, me acerqué a ella con la curiosidad de leer un clásico que ya conocía sobradamente. Había visto hacía muchos años las películas de Bela Lugosi y algunas otras adaptaciones, especialmente, el Drácula de Coppola, en teoría una versión más fiel al original, cuya arrebatada historia de amor imbuida de Romanticismo me encantó en su momento. No me esperaba por lo tanto grandes sorpresas.
Y sin embargo, me sorprendí. Aunque el desarrollo de la historia era ya conocido (tengo que decir que la adaptación de Coppola no es tan fiel; la recuerdo bastante diferente en cuanto a la interpretación de algunos hechos), la obra mantuvo mi interés en todo momento, y la leí con tanta avidez como si no supiera qué iba a pasar. La historia está bien contada y no sólo mantiene el interés, da miedo, verdadero miedo. Por lo menos a mí.
Pero lo que más me gustó de la novela, y el motivo por el que quiero recomendarla, especialmente ahora que los vampiros están tan de moda, es por el personaje de Drácula. Al de Bram Stoker no le veo tanta relación con el héroe romántico magistralmente interpretado por Gary Oldman, y mucho menos con los "vampiros" que corretean por el cine, televisión y literatura actuales. Es un vampiro de los de verdad, de los de las leyendas antiguas y la propia encarnación del mal: irresistiblemente seductor en un principio, pero finalmente horrible y aterrador. El no muerto.
sábado, 21 de julio de 2012
LECTURA DIGITAL
Aunque personalmente prefiero la lectura en papel, es cierto que el mundo de los libros digitales tiene cada vez un peso mayor. En relación con este tema, os dejo un enlace a un artículo que trata esta temática y permite plantearse algunas preguntas: ¿Qué predomina en el mercado del libro digital? ¿Ha cambiado algo con la aparición de este nuevo soporte? Quizás algunas de las diferencias que se señalan aquí se deban más al tipo mayoritario de lector, y no al soporte en sí mismo... ¿Qué opináis?
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/16/vidayartes/1342469862_997252.html
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/16/vidayartes/1342469862_997252.html
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
En fin, toda selección es difícil y tal vez injusta, pero ahí está mi lista (en la que no figura la poesía, pues merecería un capítulo aparte):
1.Caballito Loco, de Ana María Matute
2.Los tambores, de Reiner Zimnik
3.Guillermo el travieso, de Richmal Crompton
4.La isla misteriosa, de Julio Verne
5.La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”
6.La isla a mediodía y otros relatos, de Julio Cortázar
7.Juan de Mairena, de Antonio Machado
8.El siglo de las luces, de Alejo Carpentier
9.El largo adiós, de Raymond Chandler
10.Como una novela, de Daniel Pennac